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El ego es tu enemigo: buscar la solución, no la razón

Las mejores decisiones se toman con objetividad y las peores con ego. Cómo aplico esa idea en los conflictos, en los errores y en la forma de liderar.

Sebastián Delsalto

1 min de lectura

Un monolito cromado partido por la mitad deja salir luz verde; delante, un rey de ajedrez plateado caído.
Imagen generada con IA para esta entrada.

Tengo una frase que me acompaña: el ego es tu enemigo. La repito porque la aprendí a la mala. Las mejores decisiones de mi vida las tomé con objetividad; las peores, con ego.

Solución, no razón

En un conflicto, la tentación natural es demostrar que tienes la razón. El problema es que de la razón no gana nadie: una parte se va convencida y la otra, herida. De la solución, en cambio, ganan todas las partes. Por eso, cuando algo se complica con un socio, un cliente o alguien de mi familia, me hago una sola pregunta: ¿estoy buscando la razón o estoy buscando la solución?

Cuando Andrés Navarro y yo decidimos que cada uno seguiría su propio camino después de Green Numbers, la clave fue esa. No hubo un ganador. Hubo una salida ordenada, y seguimos siendo mejores amigos.

Equivocarse no está mal

En mi filosofía no está mal cometer errores. Está mal repetirlos. Si repites un error es porque no aprendiste la lección la primera vez, y si no la corriges se vuelve un problema recurrente. Si la aprendes, cada error te deja mejor preparado para la siguiente decisión.

El ego es justo lo que impide aprender: te hace defender el error en vez de mirarlo.

Humildad y confianza

No se trata de dudar de uno mismo. Creo en mí, con humildad. Más allá de lo que uno tenga o de los éxitos que logre, hay que mantener una posición de humildad: no creerse más que nadie, solo creer en uno mismo para ser mejor cada día.

Y creo que cada uno es responsable de su propio éxito. No es justo culpar a otros por un fracaso, ni darse solo a uno mismo el crédito de un éxito.